El templo romano
Sito en el centro del casco antiguo, de fines del siglo II o principios del III después de Cristo, es el mejor conservado de Portugal, a pesar de haber sido usado como matadero hasta 1870. Se compone de una pequeña plataforma de sillerÃa y cantos, la escalinata y más de una docena de columnas de granito con capiteles corintios y entablamento de mármol. No es seguro que estuviera dedicado, como se cree, a la diosa Diana.
Convertido en lonja en el medievo, se incorporó a los muros del castillo hasta que, en el XIX, se recuperó la actual estructura.
Convento dos Lóios
Frente al templo romano y convertido en Pousada Nacional, se alza este convento del siglo XV. Su claustro es, ahora, comedor de verano. Suntuosamente decorado, las habitaciones dan a un patio claustral interior, gótico manuelino en el piso inferior y renacentista en el superior.
Dobles arcos de herradura, esbeltas columnas salomónicas e intrincada decoración escultórica conforman la puerta de la sala capitular, abierta al claustro, excelente ejemplo del estilo luso-mudéjar. Se atribuye a Francisco de Arruda, arquitecto del acueducto y de la torre de Belém de Lisboa.
Antiga Universidade
Desde detrás del museo se llega al patio de entrada de la Antiga Universidade. Bordeando la muralla hacia el exterior, por un largo jardÃn y bajo el Arco dos Colegiais, se puede ver la Universidade do EspÃrito Santo, fundación jesuita del siglo XVI. Renacentista, cuenta con un portal de columnas de mármol y un espléndido claustro de un barroco incipiente.
Ermida de Sâo Bras
Prueba del trabajo que hicieron los mejores arquitectos en Evora es la iglesia extramuros en la carretera de la estación de tren. La Ermida de Sâo Brás es una obra temprana de Diogo de Boitaca, precursor del estilo manuelino. Los contrafuertes tubulares en punta y el tejado almenado recuerdan ligeramente sus obras de Lisboa y Oporto, aunque se advierte la desenvuelta originalidad del estilo.