Histórico cruce de caminos, Lyon se encuentra bañada por los caudalosos Ródano y Saona, tradicional vÃa de comunicaciones de la segunda ciudad más importante de Francia. Un papel destacado que tiene su reflejo en su monumental centro histórico, reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. La romana urbe de Lungdunum, colina de la luz, hace honor a su nombre y honra al visitante con el espectáculo de sus intensos amaneceres envueltos por la fresca brisa de los Alpes.
Marcada por los dos rÃos que la atraviesan, la ciudad de Lyon posee tantas personalidades que la convierten en un destino perfecto para los que disfrutan callejeando. En la colina de Fourvière nos descubre el imponente paso de los romanos por la ciudad, cuyo testimonio mudo es el impresionante yacimiento arqueológico formado por el templo de Cibeles y el Odeón. Si cruzamos a la ribera izquierda del Ródano, en cambio, nos veremos sumergidos por el romántico estilo Haussmaniano: bellos edificios de finales del siglo XIX, de impolutas fachadas blancas y tejados de cinc. Por su parte, la ribera del Saona está marcada por su estética renacentista.
A unas vistas y paisajes de lujo, se suma una gastronomÃa apta para paladares sibaritas. Los amantes de la buena mesa están de enhorabuena en Lyon. Son muchos los “bouchons†y restaurantes en los que el viajero podrá deleitarse con especialidades como la “cervelle de Canutâ€, la ensala lionesa, la “tablier de Sapeurâ€, los deliciosos “bugnes†o las reconstituyentes “pallaissonâ€. El placer de la buena mesa se complementa, en estos templos de la gastronomÃa, con una exquisita decoración y un servicio que hace honor a la mundialmente conocida hospitalidad francesa.