Joya del Mediterráneo. Palma de Mallorca, la mayor de las islas Baleares, se ha convertido en los últimos años en un punto de gran interés turístico, comercial y financiero. Su estratégica situación le ha convertido, a lo largo de la historia, en un importante punto de encuentro entre las culturas de los dos extremos del Mediterráneo. Pueblos del Magreb, señoríos italianos y los dominios del omnipotente Imperio Otomano han dejado, en las calles de la capital de la isla, una huella que la convierte en una de las ciudades más cosmopolitas, acogedoras y, a la vez, imponentes del continente Europeo.
Como imponente es la estampa de la Catedral de Palma. Se trata del templo religioso más alto de toda España, de estilo gótico levantino y que se alza, orgullosa, sobre el Mediterráneo. O el original castillo de Bellver, el primero de continente europeo construido sobre una planta circular, y desde el que se puede contemplar una preciosa vista panorámica de Palma. Se trata sólo de dos de los puntos de interés de una ciudad cuyas estrechas callejuelas, embadurnadas en piedra y con sabor a sal. Perderse por las calles de Palma nos lleva, finalmente, a contemplar sus hermosas playas de agua cristalina. El mar marca el carácter de la urbe y de sus habitantes, de su gastronomía y de sus fiestas. Como la intensa Nit de Foc, que marca, la vigilia de San Juan, la fiesta que conmemora la entrada del verano.