La luz estimula en lo más profundo del cerebro humano sensaciones que poco tienen que ver con la razón. La sensación de placer de un día de playa luminoso lo expresó como nadie a través de sus cuadros Joaquín Sorolla, sensación de placer, piernas y brazos laxos, que experimentamos en la playa de la Malvarrosa. La luz lo invade todo, alegra un almuerzo a base de arroz a banda, arroz con marisco, arroz caldoso..., decenas de formas de preparar un plato tan sencillo y a la vez tan exquisito. <br />El Mediterráneo, carismático, cargado de historia, tiene en Valencia el toque exótico de los enormes palmerales y el tacto frío de la piedra centenaria, como la que sirvió para erigir la Lonja, antiguo centro de contratación de los marinos, que nos recuerda que el Mediterráneo fue y es comercio, trueque, intercambio de mercancías y conocimientos. <br />Valencia ha crecido al abrigo de una luz casi cegadora. Lo hizo desde tiempos de la ocupación de Roma. Desde los restos del foro romano fundado por Junius Brutus en la actual Plaza de la Virgen hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la ciudad se ha transformado al ritmo de la constante vida comercial. Las zonas de Marqués de Dos Aguas y Poeta Querol concentran todas las marcas internacionales y las firmas de gran lujo. Desde el comercio fenicio hasta la sociedad de consumo occidental del siglo XXI, Valencia se ha reinventado una y mil veces. Su última transformación, meditada, grandiosa, es obra de un arquitecto oriundo, Santiago Calatrava, en cuya obra emblemática se concentra la ambición de Valencia de mantenerse a la vanguardia. En el cauce del Turia, una ciudad nueva, dentro de otra ciudad, se alza llena de aristas, brillante como la luz que cae generosa sobre el Mediterráneo. <br />